Hay centenares de especies de cactus, y todas ellas proceden de América, donde han colonizado todo tipo de hábitats: desiertos, montañas, selvas, y hasta la gélida Tierra de Fuego. Casi todas las especies tienen espinas, que les protegen tanto de ser devoradas por animales como de la intensa radiación del sol y de la sequedad del viento. En algunos casos, las espinas absorben el agua del rocÃo que se condensa sobre su superficie, haciéndola pasar directamente a la planta.
Los cactus son vegetales de interior muy apreciados, a causa de sus extrañas formas y sus decorativas espinas y flores. Sin embargo, sólo flocerecerán si pueden disfrutar de un estricto periodo de reposo durante el invierno, interrumpiéndose completamente el desarrollo: para ello, la planta debe permanecer en un lugar fresco y permanecer completamente seca.
Como habitantes del desierto que son, los cactus aprovechan perfectamente la luz directa del sol. En el periodo de crecimiento, la mayorÃa de las especies necesitan más agua de lo que comunmente se cree. En un sustrato un tanto húmedo se desarrollarán rápidamente y florecerán profusamente.
Los cactus, como todas las plantas crasas, crecen en regiones donde están bien definidas las estaciones secas y húmedas. Durante los meses de lluvia absoben la humedad y la almacenan en sus troncos, ramas u hojas. En la estación seca viven de estas reservas.
La mayorÃa de las especies crecen y florecen en verano. Pero algunas del hemisferio sur mantienen una especie de reloj interno y, sin hacer caso a las condiciones climáticas, vuelven a la vida al final de la temporada, cuando es primavera en su entorno natural. Entonces necesitan iluminación artificial para florecer, pues no reciben suficiente luz solar en nuestros inviernos.
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