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Una vez iniciada la temporada fría, la jardinería al aire libre entra en una
época de descanso. Los riegos serán más escasos y menos frecuentes, y tampoco es
necesario abonar el sustrato. La mayoría de las plantas están aletargadas y no
absorben apenas agua ni nutrientes de la tierra. Además el proceso de evaporación
es más lento, pues la humedad relativa del aire siempre es mayor en invierno
(depende de la temperatura).
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Sin embargo, no tenemos por qué resignarnos a ver nuestros balcones, terrazas y
jardines completamente desprovistos de color. Los arriates o jardineras donde
florecían las plantas anuales (petunias, verbenas, tagetes...) pueden llenarse
ahora con otras variedades de florecimiento invernal, como pensamientos o
primaveras. También podremos ver florecer algunas plantas vivaces, como las
azaleas o lo ciclámenes. Combinando adecuadamente plantas veraniegas con plantas
invernales, tendremos un macizo florido durante casi todo el año.
También es ahora el momento de plantar los bulbos de florecimiento estival, como
narcisos, gladiolos o dalias. Los primaverales (jacintos, iris...) deberían estar
ya plantados y protegidos de las heladas. De todos modos, cualquier bulbo cultivado
en interior (en un bulbero o en tierra) brotará y florecerá inmediatamente.
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